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  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
 

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

Orquesta Filarmónica de la UNAM

 

Cartelera UNAM

 

 

Orquesta Sinfónica de Minería

 

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Universo de El Búho

 

Junio de 2007

Peritaje * Registro de obras * Defensoría jurídica autoral

 

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* * * NUEVO * * *

Digitalización de documentos

 


Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

 

         

   
  Documentos históricos

 

Discurso inaugural del

Conservatorio de Música de la Sociedad Filarmónica Mexicana

Agustín Caballero

 

1° de Julio de 1866

SEÑORES:

Un objeto bello e interesante nos reúne en este día. La fundación y establecimiento de un Conservatorio de música. La protección y fomento de este agradabilísimo arte, que según la observación de un célebre autor contemporáneo, es el único que todos los pueblos y todas las creencias, esperan volver a encontrar en un mundo mejor.

Efectivamente, nadie ha imaginado al Cielo adornado de pinturas, estatuas o pórticos por bellos o magníficos que fuesen, pero todos los pintan con dulcísimos y armoniosos coros de ángeles que entonan himnos de alabanza al Todopoderoso.

La música es una de esas artes que no puede producir mal a nadie, y sí ocasionar un deleite puro e inocente; y ¿qué cosa puede haber más grata al corazón del hombre, que el haber proporcionado un dulce entretenimiento a sus semejantes y haberles hecho olvidar por algunas horas las tristes penalidades de la vida? Además, el triunfo del artista es uno de esos triunfos que no está acompañado de remordimientos ni de pesares.

El conquistador que viene cargado de laureles y arrastrando en pos de sí millares de trofeos y cautivos, debe tener un corazón muy mal formado, si no se cubre el rostro con ambas manos y prorrumpe en amargos gemidos al recordar el número de víctimas que ha inmolado a su ambición; al contemplar la multitud de huérfanos, viudas y desvalidos que ha hundido en un porvenir de miseria y llanto; si tiene alguna sensibilidad, si tiene un corazón que pueda llamarse humano, debe ser el primero en detestar su triunfo.

¿De cuán distinto modo debe sentirlo el artista laureado? Por donde quiera que vuelva la vista, encontrará caras que le sonríen y semblantes de donde ha huido el dolor y el pesar, gracias a su mágico talento y artificio. ¿Qué cosa puede haber más satisfactoria ni qué placer más puro?

Por esto creo y me atrevo a sostener, sin vacilar, que ha de ser de naciones grandes y generosas la protección de las artes y en especial la de la música. En nuestro bello país con un clima y un cielo tan deliciosos, las bellas artes están llamadas a crecer y desarrollarse de una manera prodigiosa. Esta opinión que si fuera solo nuestra podría atribuirse al amor propio, la tienen igualmente todos los extranjeros ilustrados, que visitan nuestro suelo sin prevención, y emiten sus opiniones con imparcialidad. Además, la Italia con un cielo, clima y circunstancias semejantes a las nuestras, es un ejemplo que lo comprueba. Por esto mismo ha sido una necesidad y lo será siempre entre nosotros el establecimiento de un conservatorio que preste los elementos necesarios a la instrucción y fomento del genio filarmónico.

Recordemos en este momento, con el aprecio que se merecen los mexicanos, que antes de nosotros han intentado llevar al cabo el pensamiento que ahora hemos realizado. Los señores Elízaga, D. José Antonio Gómez, D. Joaquín Beristáin y D. Eusebio Paniagua, han consagrado en distintas épocas sus esfuerzos para realizar el establecimiento de un conservatorio mexicano. Varias circunstancias, ajenas de su voluntad, les impidieron ver logrados sus deseos; pero siempre es muy honorífico para ellos el haber trabajado en tal sentido.

A pesar de esto, el malogrado y distinguido Maestro D. Joaquín Beristáin, estableció desde hace treinta años una academia de música que después de haberla dirigido con gran provecho por algunos años, la recibí en herencia después de las sensible pérdida de aquel ilustre mexicano. Esta academia ha continuado desde aquella época hasta el día presente, dando no pocos frutos al cuerpo filarmónico mexicano. Testigo de esto son los nombres de los distinguidos profesores Balderas, Gavira, López, Rivas, Salot D. José, Medinilla, Reyes, Flores, Ortiz y otros muchos que se han formado en dicho plantel, y honran con sus conocimientos y brillante carrera, al inteligente e instruido cuerpo filarmónico.

Actualmente los niños y niñas que se educan, presentan también notables adelantos de que se podrá juzgar en la presente ocasión y de los cuales se pueden esperar frutos óptimos, tanto más cuanto que con los nuevos elementos que hoy establece el Conservatorio de la Sociedad Filarmónica Mexicana, podrán perfeccionar su educación musical, de una manera nueva y puede decirse perfecta.

Deseo ser breve en este discurso, por lo que, para terminarlo, séame lícito decir que si bien a mis débiles fuerzas fue encargado el continuar con la academia del Sr. Beristáin, de ninguna manera he aducido este ejemplo, como un elogio propio, muy ajeno del carácter que me conocen mis verdaderos amigos, que sabrán hacerme justicia; pero sí lo presentaré y esto sin el menor rubor, como una prueba del deseo que me anima y me ha animado siempre, de fomentar y proteger la enseñanza de la música en México.

Los ilustrados Socios y junta directiva de la Sociedad Filarmónica Mexicana, al hacerme el inmerecido honor de nombrarme director del Conservatorio, se habrán equivocado en cuanto al valor facultativo de mi persona; pero en cuanto al ardiente deseo que me anima de cooperar a sus nobles y desinteresados esfuerzos; en cuanto a la constancia y decisión con que procuraré impulsar la enseñanza, y auxiliar las demás operaciones que puedan proteger la asociación, no se han equivocado; ellos y el público verán que antes que filarmónico soy mexicano, y que consagraré mis esfuerzos y mis desvelos al mantenimiento de un cuerpo, que debe derramar lustre y decoro sobre una nación, que a pesar de sus detractores, es una de las más bellas y civilizadas del nuevo mundo.

He dicho.

 

conservatorianos@hotmail.com