Inicio     Clima

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
   
  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
 

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

Orquesta Filarmónica de la UNAM

 

Cartelera UNAM

 

 

Orquesta Sinfónica de Minería

 

Sugiere un sitio

 

 

Universo de El Búho

 

Junio de 2007

Peritaje * Registro de obras * Defensoría jurídica autoral

 

Arte y Cultura Digital: Diseño editorial * Multimedios * Web * Hospedaje * Registro de derechos de autor y marcas

 

* * * NUEVO * * *

Digitalización de documentos

 


Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

 

         

 
  Realidades y perspectivas

 

Enfoque médico-epistemológico de la cultura: Origen, significado y devenir de arte, ciencia, filosofía y técnica

Primera parte

Hugo Fernández de Castro

 

Sin más preámbulo y con su permiso, lector respetado de Conservatorianos, le confío que este ensayo lo introducirá de lleno en el criterio del autor sobre el significado de arte, ciencia, filosofía y técnica, los cuatro componentes esenciales de la cultura, ésta última un concepto plural cuyos elementos, bases y materia, tan frecuentemente confundidos o tergiversados, son parte equilibrada y ponderada del currículo de la benemérita Escuela Nacional Preparatoria, columna vertebral de la Universidad Nacional Autónoma de México que, el 2 de diciembre de 1999, cumplió ya 132 años de haber sido fundada al tiempo que se restauraba la República democrática y popular, de cuyos afanes educativos, culturales y académicos fue alguna vez fiel reflejo y símbolo vivo.

Quizás le parezcan a usted muy controvertibles algunos conceptos pero ¡así es en nuestra Universidad plural!: todos los universitarios -y ninguno como individuo aislado- tenemos la razón y, también todos-y nadie por sí solo- tenemos la verdad, es decir, nos escuchamos los unos a los otros nuestras opiniones con respeto y atención y, en conjunto y con interacción recíproca, forjamos conceptos acordes, lo más cercano posible al todo constituido por partes con coherencia interna e interrelación activa, así como también afines a la certeza y el interés general, factores que siempre han prevalecido -y deberán seguir prevaleciendo- sobre la parte como representante usurpadora del todo y, asimismo, sobre la confusión, el sesgo insidioso y el interés particular.

Así pues, en las páginas siguientes se hará un desmenuzamiento integral de esa síntesis que es la cultura, así como el análisis de la interrelación de arte, ciencia, filosofía y técnica, con sus coincidencias y diferendos aunque, señor lector de Conservatorianos, quien tiene la última palabra y decide es usted.

CONCEPTO DE CIENCIA

La ciencia (del latín scientia, conocimiento cierto) es un producto de la cultura humana, pero los principios universales que la rigen son la esencia de la Naturaleza si no es que la Naturaleza misma, partiendo del punto de vista irrefutable de que la Madre Natura no es una creación del ser humano sino -por el contrario- éste es una parte de aquélla que, además, lo antecede cronológicamente y -dicen los abogados: primero en tiempo, primero en derecho.

Pero no todo lo que el ser humano crea, inventa o descubre es ciencia, puesto que cuando menos hay tres aspectos generales de la cultura que no pertenecen al área científica: el arte, la filosofía y la técnica.

Por ejemplo, durante varios siglos se ha creído que todo médico es un científico por la razón simplísima de que profesa la ciencia de la medicina, error derivado de la premisa, que es falsa: la medicina no es una ciencia pura sino que está conformada por diversas disciplinas, unas con rango de ciencia y otras con categoría de técnica; en realidad, el asunto va más allá: debería hablarse de ciencias de la salud en lugar de la medicina o, mejor aún, de disciplinas de la salud.

Entonces ¿cómo y cuál es la -en apariencia oculta e incomprensible- línea que separa y une, dialécticamente, la ciencia y la técnica? Con un poco de razonamiento, interés y vountad, en poco tiempo se puede comprender.

La física, por ejemplo (y escojo la física porque su raíz griega -?????V, physis- significa naturaleza), es una ciencia conformada por fenómenos naturales que existen desde el origen del Universo (¿o desde antes?), esto es, muchos miles de millones de años previos a que el primer ser humano existiera en la Tierra y se constituyera bio-psíquica-socialmente por medio de las leyes de la evolución o por voluntad divina, según quiera cada quien creer o postular libremente.

Y la física, como cualesquier otras ciencias, está integrada por una serie de principios universales que son inconmovibles, mientras no se demuestre fehacientemente que hay otros principios que se sumen a los primeros para completar mejor el conocimiento que tiene el hombre de la Naturaleza, porque el conocimiento se construye de modo escalonado y no mediante saltos inconexos entre sí.

Algo diferente sucede con una disciplina filosófica, la ética, por ejemplo: está integrada por una serie de principios generales que, como producto de la mente humana, son diferentes en las diversas regiones geopolíticas que componen la Tierra pero, además, cambian de manera constante al paso de los siglos y los milenios con el fin de adaptarse a las costumbres, espíritu,hábitos, ideas, intereses, modas, modos, tradiciones, usos y valores de cada pueblo y cada época.

Aquí un paréntesis pequeño, para hacer hincapié en una noción expresada líneas antes: el conocimiento no se construye a saltos, sino de modo escalonado, lo cual significa que para ir de la planta baja al primer piso de un edificio como primera parada, se utiliza una escalera y no se sube de uno o varios saltos y, si se quiere seguir subiendo a los otros pisos, de la misma manera tendrá que seguirse utilizando una escalera, artefacto integrado por varios escalones, cada uno de los cuales posee su propia función y misión y sirve lo mismo para detenerse en él, que para seguir al siguiente o regresarse al anterior.

Ningún escalón es inútil y todos tienen un valor asegurado pero, además, el rendimiento de cada uno se acrecienta cuando se unen las funciones de todos para un fin común; esto se llama interacción.

Cierto, puede el ser humano crear otro escalón -mediante la observación de la realidad, la experimentación y el registro de los aciertos y errores- cuasi a la imagen y semejanza del anterior o construirlo de modo muy distinto y con características sui generis que lo pueden hacer más adecuado. También es posible que al escalón anterior se le arregle la estructura o la forma, pero siempre guardando el principio de que la parte no hace el todo, sino que es la interacción de cada una de las partes -actuando en conjunto y no por separado- la que conforma el todo.

CUALIDADES DE LA CIENCIA

Conviene ahora resumir las cualidades que debe tener un conocimiento para alcanzar el rango de ciencia, de conformidad con algunas pistas aportadas por el criterio racional de Morris Cohen; los conocimientos ordinarios, reunidos en un todo con el apoyo del sentido común, podría aceptarse que pasaran por el lego como una disciplina científica si no fuera porque no alcanzan tal categoría, ya que no llenan los requisitos ideales, colmados con estricto rigor y método.

CERTEZA

La certeza, integrada por dos valores fundamentales, la evidencia y la prueba, es un ideal científico que aporta la posibilidad de eliminar los sectarismos derivados del carácter inconcluso del sentido común, la incertidumbre lógica y la certidumbre psicológica, porque es costumbre cotidiana de la gente opinar sobre todo lo que está al alcance de sus sentidos, aunque la mayor parte de las veces y aun en temas que están incluidos en el campo de su especialidad, se deje guiar más por convicciones a priori, rumores, corazonadas, sentimientos, tradiciones, opiniones derivadas de la autoridad o del especialista, supuestos, prejuicios, intereses o sentimientos personales o de grupo, que por las evidencias con coherencia lógica -a veces a la vista, pero otras ocasiones escondidas o semiocultas- que demuestran, fuera de toda duda razonable, lo verdadero de los diversos interrogantes que se le plantean a la humanidad en relación con el ser y el deber ser y, en el otro concepto de la palabra, con la aparición y desarrollo del ser (humano), a lo largo y ancho de los siglos y de la vida, lo mismo como especie que como individuo (también su eventual desaparición).

Asimismo, es oportuno detenerse ahora en la ¿incógnita, especulación? filosófica, planteada sobre todo por Kant, Hegel, Marx y Heidegger, sobre existencia y esencia y sobre materialismo y conciencia: no es lo mismo ser (lo que es, lo real y concreto), que lo que debiera ser (abstracto porque es de conformidad con las normas, deseos personales, intereses o pensamientos).

Pero, además, el concepto anterior del ser (como verbo, esto es, acción) difiere de la concepción del ser (sustantivo, del latín ens entis = lo que es y del griego ????????, el ser), como ente biológico: por ejemplo, la especie humana y el individuo.

Si el lector analiza friamente el asunto, constatará -con ejemplos que por sí mismo podrá identificar derivados de su propia percepción del mundo- que hay muchos temas, problemas o soluciones que lo mismo admiten una argumentación que la contraria, esto es, el gonismo y el antagonismo, y como resulta que hay mucha gente que opina en pro de algo y lo sostiene con todas sus fuerzas físicas y espirituales, pero hay muchas otras personas que están exactamente en el polo opuesto, entonces se torna difícil saber en dónde está la certeza; además, cada lado tiene muchas aristas y colores, lo cual quiere decir que puede haber mil criterios divergentes para un sólo asunto.

¿Será que -como los opuestos se unen- está en los dos extremos y en medio, pero también en ninguno de ellos sino en otros puntos?

DIOS Y LA VERDAD

Por ejemplo, en asuntos religiosos ¿quién tiene la razón sobre el verdadero Dios, porque resulta que los católicos, las diversas sectas cristianas, los musulmanes, los sintoístas, los judíos y los budistas difieren y cada uno alega la posesión de la verdad? ¿Y los ateos y los agnósticos, que sostienen la inexistencia de la divinidad y de otro mundo después de la vida terrenal?

Muchas veces la convicción de la verdad de una persona no es otra cosa que su propia incapacidad o tozudez para admitir lo contrario a lo que piensa y sostiene. Por eso la certeza que la ciencia forja, desecha la convicción basada en los sentimientos, en las debilidades psicológicas o en las inclinaciones mentales, porque la certeza no es sólo la concepción mental que de ella se tenga o su emisión utilizando los diversos lenguajes, sino algo más: su conexión íntima con lo que significa y su interdependencia con otras proposiciones con las cuales se vincula, único camino conocido hasta ahora para desechar las dudas razonables, porque es una obligación ineludible la que tienen el científico, el filósofo y el artista de identificarlas, exponerlas y resolverlas.

Desde luego que la duda es necesaria, como también lo es atreverse a confrontar la verdad con la duda; pero si una verdad ya ha pasado las pruebas y vencido los obstáculos interpuestos, entonces habrá que reconocer que los límites naturales de la duda han llegado a su fin y que entonces ya no hay posibilidad -en ese momento histórico- de seguirla objetando.

Y cuando llegue el momento de constatar que hay algo nuevo alrededor de esa verdad, aparentemente contradictorio con ella, podrá también comprenderse que el conocimiento no se construye a saltos sino con pasos escalonados, y que lo nuevo no niega lo viejo sino sólo lo perfecciona, redondea o aumenta lo que se sabe ya sobre cierto tema.

EUCLIDES Y ARISTÓTELES

Por ejemplo, la verdad sobre la geometría del espacio, derivada de la teoría de la relatividad de Einstein, no cambió la verdad de Euclides en cuanto a que la geometría plana establece, y es cierto, que no puede haber un triángulo con tres ángulos rectos (90° grados cada uno), pero no deja de ser también una verdad que la geometría del espacio demuestra que, en una esfera, sí coexisten y se identifican fácilmente tres ángulos rectos en un triángulo.

Igualmente, la lógica de Aristóteles no vio desmentidos sus postulados por los aportes dialécticos con los cuales contribuyó Carlos Marx al acervo de una disciplina filosófica como lo es la lógica, ni tampoco dejaron de tener razón Ptolomeo3 ni Copérnico4 cuando la teoría de la relatividad comprobó que había complemento entre ambas concepciones, pero que además los conocimientos que aportaron fueron la base que le permitió a la ciencia astronómica seguirse desarrollando y conocer más y mejor el Universo.

Todo conduce a establecer como un hecho cierto que las nuevas verdades que se van agregando a las antiguas certezas de una disciplina, sea ciencia, sea técnica, sea arte o sea filosofía, son el acercamiento progresivo del ser humano al conocimiento de lo que es en sí la esencia y la forma de la Naturaleza.

Y para conocer la totalidad de la Naturaleza, todavía le falta al ser humano un largo trecho de tiempo y de espacio que recorrer5.

Esto significa que la ciencia aspira a que cualquier conocimiento que se quiera validar tenga una base lógica y despeje todas las incertidumbres y las lucubraciones fabricadas por el dizque sentido común, pero también quiere decir que la ciencia y el arte -o la filosofía- están abiertas a la discusión de todas las proposiciones, bien fundadas, que se quieran plantear.

EXACTITUD

Esta parte de los requisitos que debe llenar una disciplina para alcanzar la categoría de ciencia, se refiere tanto a la precisión como a la medición, factores interconectados.

Es claro que estos factores, en lo que cabe a las ciencias exactas o naturales y a las artes, quizás no sean tan difíciles de llenar, pero cuando se trata de ciencias sociales o de humanidades, entonces empiezan los problemas, por otra parte, son requisitos que se dan en el ambiente de la biblioteca y en los campos de la investigación, pero no es posible que se den en la conversación cotidiana porque entonces se cae en los vericuetos de la ridiculez, la afectación, el artificio, la chabacanería o la simulación.

¿Cómo precisar, cuando se habla de lo verdadero, lo bueno, lo justo o lo bello, cuáles son los límites -calidad o cantidad- para alcanzar tales categorías?

Es que, aparte de lo atinado de que los helenos concibieran la verdad como una hermosa mujer oculta en una cueva inescrutable, esto es, una noción difícil de localizar (lo cual podría aplicarse a las otras categorías), hay que tomar en cuenta los diversos patrones dictados por el tiempo o por el espacio.

LA BELLEZA DE LA MUJER ORIENTAL

Un paradigma para ilustrar algunos problemas de la medición de la belleza y el hallazgo de la verdad: los rasgos en el rostro de una mujer oriental son diferentes a los que caracterizan a una africana de raza negra o a una mujer caucásica, del mismo modo la mujer blanca, ancha de caderas, busto opulento, nariz recta, pómulos redondeados, boca pequeña, labios delgados, ropas holgadas y conducta discreta, corresponde al ideal de belleza eurocéntrico e iberoamericano del periodo conocido como la belle époque, a finales de la centura pasada -el siglo XIX- y los 14 primeros años de la centuria actual, es decir, este siglo XX que no terminará sino hasta el 31 de diciembre de 2000.

Pero, mediante la cinematografía y la televisión, desde los años sesenta se popularizó un tipo de belleza femenina que hubiera sido reprobado hace 100 años; mujer con tez apiñonada (un poco morena) o discretamente blanca, caderas estrechas, busto escaso, nariz aguileña, pómulos salientes, boca grande, labios gruesos, ropas ceñidas y actitud extrovertida.

¿Cuál de los dos tipos de belleza es el verdadero, a juicio del lector? ¿Doña Virginia Fábregas o Audrey Hepburn?

¿Y qué decir de los concursos nacionales contemporáneos, regionales o universales de belleza, donde están al tú por tú las mujeres indígenas, africanas y orientales con las europeas?

Pues no hay más remedio que declarar que la decisión no es fácil, fundándose en el juicioso pensamiento hipocrático que ya se expresó en páginas anteriores: "La vida es corta, el arte es largo, la ocasión fugaz, la experiencia engañosa y el juicio difícil".

CADA OVEJA CON SU PAREJA

A primera y segunda vistas, todas las mujeres son bonitas, pero ¿fundaría su hogar el oriental común y corriente con una africana, cobriza o europea? Y sobre esta base, sáquense todas las combinaciones que se quieran, al tiempo que sería pertinente asentar que, desde luego, hay rarezas en cuanto a que se observan casos frecuentes de parejas que no coinciden en cuanto a raza (o edad, religión, costumbres, escolaridad, clase social, condición económica). Pero lo habitual es que la generalidad de la gente se comporta como lo establecen tres viejos y sabios refranes:

  • Cada oveja con su pareja.
  • Aunque todos somos del mismo barro, no es lo mismo bacín que jarro.
  • Tal para cual, Pascuala para Pascual.

¿HAY MEDICIÓN EN LAS CIENCIAS SOCIALES?

Pero, regresemos a la exactitud, ahora en el área de las ciencias sociales: se ha dicho mucho que sería deseable tener posibilidades de medición similares a las de las ciencias exactas y naturales, pero su carencia sólo es aparente pues la historiografía es un instrumento que registra los hechos, tiempos y personajes históricos, incluyendo sus causas, vinculaciones, desarrollo, resultados, sustitución, remedo o extinción; es posible que no proporcione la exactitud que aportan las matemáticas y la trigonometría, pero en cambio sí detecta muchas variables y, al identificarlas y compararlas, se consiguen patrones de medición que permiten no sólo la comprobación y el rastreo, sino hasta la especulación; aunque sin dejar de tomar en cuenta la observación sagaz de Marx: la historia no se repite.

Por último, en lo que respecta a medición y exactitud, que quede establecido que la categoría de ciencia la poseen las disciplinas sociales y las humanidades al igual que las disciplinas clasificadas -y así lo ostentan en su nombre- como naturales y exactas. Esto significa que tan son ciencias el derecho, la economía, la geografía, la historia, la politicología y la sociología, por mencionar unas, como la astronomía, la biología, la cosmografía, la geometría, la física, las matemáticas y la química, por mencionar otras.

(Concluye en el próximo número)

 


HUGO FERNÁNDEZ DE CASTRO

Profesor titular B de carrera, tiempo completo, de la UNAM, Plantel 2 de la Escuela Nacional Preparatoria y Facultad de Medicina. Articulista de Uno más uno y Excélsior.

hfdec@hotmail.com

 

conservatorianos@hotmail.com