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  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
 

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

Orquesta Filarmónica de la UNAM

 

Cartelera UNAM

 

 

Orquesta Sinfónica de Minería

 

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Universo de El Búho

 

Junio de 2007

Peritaje * Registro de obras * Defensoría jurídica autoral

 

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* * * NUEVO * * *

Digitalización de documentos

 


Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

 

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  Letras sonoras

 

Los libros musicales

René Avilés Fabila

 

Toda mi vida -quizá influido por la cinematografía- he querido escribir una novela o un cuento con música de fondo. De tal modo, en tanto el lector sigue la trama, la música estimula sus sentimientos y pasiones. Si lo consiguiera, ganarían dos artes: la literatura y, desde luego, la música, recuperando de este modo el prestigio perdido ante los espectáculos como el cine y la televisión.

Recuerdo que Alejo Carpentier proponía con su buen humor habitual leer un texto con música de fondo. Escuchar, por ejemplo, una marcha militar mientras se lee un relato de guerra. Pero esa ya es una idea generalizada y fácil, de hecho diversos lectores suelen practicarla al poner un disco con su música favorita al arrancar la lectura. El resultado es desolador: la música no coincide con el libro sino con las aficiones de un lector irrespetuoso que no sabe que se trata, en este caso, de dos artes separadas, de méritos distintos.  Mi idea va más allá. Uno, al abrir el libro de literatura, debe escuchar música: primero la introducción, enseguida las notas correspondientes a cada uno de los capítulos o párrafos. Lenta y suave o fuerte y violenta, según el caso de lo que se narra. La pregunta es cómo lograr la revolucionaria hazaña, aquélla que sin duda aumentaría el número de lectores: de miles a millones y millones. 

Supongo que hablaríamos de un libro complicado o inteligente, que al abrirlo se pone en marcha un mecanismo musical que sigue gracias a una diminuta computadora la acción, tal como sucede en un filme. No encuentro otro antecedente -probablemente vago y remoto- que la cajita de música. Con una ventaja adicional, el trabajo del compositor estaría por completo ligado al del literato en beneficio no del simple lector y, perdón por la petulancia, sino de la mismísima humanidad.

En algunos casos, pienso, el libro podía tener música de autores clásicos como Mozart o Wagner o tal vez popular de grandes orquestas, Miller y Benny Goodman, rock and roll o música especialmente escrita para el poema o la novela. Sin embargo, mientras trabajo en el proyecto algo me preocupa -más como ingeniero que como literato-: ¿y si el lector no se adentra en la lectura y utiliza el libro abierto como una suerte de radio o de tocadiscos, sólo para escuchar la música o, y esto es aún más aterrador, para bailar? Dejaría de lado lo que a mi juicio es la parte sustantiva, la literatura, pues debo confesar que, con el debido respeto a la música, he preferido la poesía y la prosa narrativa, el arte de las palabras. Por otro lado, mis afanes científicos o técnicos son resultado de una carrera que concluí sin mayor vocación.

He consultado mi proyecto con directores de orquesta y simples melómanos y todos me han respondido con el escepticismo y aun con ironía apenas disfrazada. Pese a ello no cejaré en el intento. Ayer ya logré un libro rudimentario, quizá demasiado grueso y tosco, donde inserté una maquinaria que se pone en movimiento cuando es abierta la primera página. Trataré que sea menos voluminoso y pesado; espero, asimismo, fabricar un censor altamente sensible para que cuando los ojos se posen en el inicio de la historia, en las primeras palabras, comience la música y cada vez que el lector suspenda la lectura, las notas se detengan. Trabajo con un entusiasmo sólo controlado por los severos horarios del hospital donde estoy recluido.

 


RENÉ AVILÉS FABILA

Escritor. Profesor de tiempo completo en la Universidad Autónoma Metropolitana y catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAMEditorialista de diversos periódicos y revistas de circulación nacional. Premio Nacional de Periodismo del Gobierno de la República (1991). Miembro del Sistema Nacional de Creadores. Autor de una vasta producción literaria, entre cuyas obras destacan Hacia el fin del mundo, El gran solitario de Palacio, Tantadel y Réquiem por un suicida.

ravilesf@prodigy.net.mx

 

conservatorianos@hotmail.com