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  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
 

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

Orquesta Filarmónica de la UNAM

 

Cartelera UNAM

 

 

Orquesta Sinfónica de Minería

 

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Universo de El Búho

 

Junio de 2007

Peritaje * Registro de obras * Defensoría jurídica autoral

 

Arte y Cultura Digital: Diseño editorial * Multimedios * Web * Hospedaje * Registro de derechos de autor y marcas

 

* * * NUEVO * * *

Digitalización de documentos

 


Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

 

         

 
  Horizontes educativos

 

Bodas de plata sobre lava volcánica

Pablo Espinosa

 

Hace un cuarto de siglo, en la intersección del Anillo Periférico e Insurgentes, un ejército de intrépidos levanta una nave de concreto de entre un mar de magma petrificada por milenios: brillan al sol espaldas cobrizas que escarban, escalan, atan, esculpen, tallan. Durante meses, los afanes de operarios, peones, arquitectos, van acumulando altura, volumen, dimensiones, trazos de una utopía: la mejor sala de conciertos de América Latina, que fue construida hace 25 años e inaugurada la noche del 30 de diciembre de 1976, con un concierto a cargo de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM), dirigida por Héctor Quintanar con partituras de él mismo (una Fanfarria escrita ex profeso), Carlos Chávez (Sinfonía India), canciones de Manuel de Sumaya e Ignacio Jerusalem, con la soprano suprema Irma González como solista y el Concierto Emperador de Beethoven. En la primera efemérides, la lista de solistas extranjeros inicia con el alemán Hans Richter-Haaser, quien a su vez emprendería, también, ese bello juego de abalorios que conforman, vistos en perspectiva, los grandes recitales que han ocurrido en ese recinto de privilegio.

Fue la culminación de un largo sueño. La vida musical universitaria, desde entonces uno de los polos de la cultura metropolitana, había crecido merced a impulsos formidables, entre los cuales resultó fundamental el trabajo de una de las máximas personalidades del siglo veinte mexicano: el maestro Eduardo Mata, quien cada semana oficiaba rituales de magia irresistibles: como titular de la OFUNAM, hacía de cada uno de sus conciertos semanales verdaderas ceremonias de iniciación. En el Auditorio Che Guevara, sede universitaria de esos conciertos, no cabía ya un alfiler: sobre los descansabrazos de las butacas, en los pasillos, y aún en el mismo podio, junto a los pies de Eduardo Mata, variopintas multitudes vivíamos episodios que marcaron a varias generaciones. La formación de públicos -capítulo toral de la crisis mexicana- fue la piedra de toque para la construcción de la Sala de Conciertos Nezahualcóyotl.

"Cuando empezamos a trabajar en el diseño de la Sala de Conciertos Nezahualcóyotl -apunta Christopher Jaffe, experto estadounidense quien durante 1975 diseñó, mediante simulaciones en computadora y pruebas reales, la acústica de ese recinto- teníamos dos modelos: la sala sede de la Filarmónica de Berlín y, si regresamos cien años atrás, vamos a encontrar un salón clásico que es al mismo tiempo una sala al redonde de alguna manera: el Concertgebouw de Amsterdam, en el cual hay 600 personas, 300 de cada lado, que se sientan atrás de la orquesta. A estos modelos los consideramos como la piedra angular en el diseño de la Sala Nezahualcóyotl. El maestro Eduardo Mata -narra Jaffe- tenía una idea clara de lo que quería: una sala viva, al redondo, con el escenario adelantado hacia el público para permitir mayor convivencia y que al mismo tiempo fuera una sala cálida y viva, tuviera viveza de sonido y al mismo tiempo intimidad".

La numeralia de la Sala: una superficie total construida de 9 mil 500 metros cuadradas, con un volumen de 40 mil metros cúbicos, 240 metros cuadrados de superficie de escenario, mil cien metros cúbicos de volumen de la cámara acústica (ubicada a los pies de todos los músicos), una altura de 25 metros en el punto más alto de la estructura total, 35 metros de distancia entre el escenario y la fila más alejada en la planta alta y una capacidad total de 2 mil 299 espectadores.

Así como todo el, digámoslo así, sótano del escenario es una gran caja acústica, del techo penden plafones de acrílico, de altura regulable de acuerdo con las características de la sesión en ciernes (orquestas sinfónicas, de cámara o bien recitalistas) y lograr los componentes de frecuencia de cada reflexión de sonido, considerando tres patrones básicos de reflexión acústica: la dirección, la intensidad y los componentes de frecuencia de cada reflexión, así como el tiempo que tarda en llegar al oído el sonido de cada instrumento. Todo esto, está comprobado, acontece durante res segundos después de la primera nota y es una experiencia acústica que está alrededor de todos los escuchas. El diseño de Christopher Jaffe consistió en la creación del balance de los tres primeros componentes a través del tiempo. Una vez construida la sala, durante su primer año de vida fue sometida a un minucioso proceso de afinación, a cargo del propio Jaffe.

Algunos de los parámetros de afinación fueron los reflectores de sonido. "Es muy difícil que un músico alcance a escuchar al que está al otro lado de la orquesta -explica Jaffe. Para resolver esto no podíamos elevar las paredes traseras a ellos pues la gente que se sienta en las secciones de Coro y Orquesta no tendrían visibilidad, de manera que resolvimos instalar una serie de reflectores suspendidos en el techo, sistema que empleé por vez primera en la Sala Nezahualcóyotl y desde entonces utilizo en todas las salas al redondo que diseño en el mundo, porque por muy buena acústica que logremos instalar en la sección del público, lo que realmente importa es que los músicos se puedan escuchar a ellos mismos y entre ellos, porque son quienes hacen la música y tienen que tocar en ensamble, en tiempo y si están veinte metros el uno del otro sin los reflectores que penden sobre ellos sería muy difícil crear un balance entre las diferentes secciones de instrumentos, entre los metales y las percusiones y los instrumentos de baja densidad sonora, que son las cuerdas. Todo esto es fundamental para que el sonido de la orquesta sea excelente. La cualidad de sonido es una combinación de lo que crea la orquesta y lo que crea la sala.

"Otro punto fundamental -explica el diseñador de la acústica de la Nezahualcóyotl- es que como estamos en una sala redonda hay más absorción de energía. En un salón rectangular no hay mucha absorción en la parte trasera del escenario; en un teatro redondo en cambio la energía se dispersa hacia todos lados y, de no ser controlados, los niveles de presión sonora que da una orquesta bajarían uno o dos decibeles. Lo que busqué era que la parte superior de la sala tuviera un sonido reverberante en el tiempo, dado que la intensidad misma del sonido reverberante es menor, pues la orquesta no sólo emite tonos sino un conjunto de sonidos, no está emitiendo música aislada. Es de tal forma que la gente que está muy cerca de la orquesta no le llega mucho el beneficio de la reverberación, pues es casi como si estuvieran sentados dentro de la orquesta."

"Así que creé una cámara de reverberación bajo el escenario y bajo algunos asientos de las primeras filas. Tenemos unas rejillas al frente y bajo los asientos para que las frecuencias bajas y los tipos de reverberación puedan llegar a estas personas y se combine con la reverberación que viene de arriba, a niveles adecuados, pues se compensan entonces las curvas de absorción y reflexión y los tiempos de frecuencia media que crean esas curvas."

"Para que la sala tenga un sonido vivaz y cálido debe producir un determinado tipo de curva en las gráficas de sonido que he diseñado, pues si se extiende demasiado por ejemplo la curva de sonido de los violonchelos en la sala hay un punto en que el aire no la toma y las cuerdas hacen un efecto como de rechinido. Pero nosotros lo que queríamos es una sala de sonido vivaz y cálido, y es el resultado de las curvas de sonido, las frecuencias y los demás componentes que desmenuzamos y volvimos a fundir".

Estas son algunas de las explicaciones del por qué la Sala de Conciertos Nezahualcóyotl es la mejor de América Latina. La historia completa la virtió quien esto escribe en un extenso reportaje que publicó en forma de libro (Sala Nezahualcóyotl, una vida de conciertos) la Dirección General de Actividades Musicales de la UNAM en 1996, para festejar el vigésimo aniversario de la sala en 1996.

A punto de cumplir su primer cuarto de siglo, la biografía de esta casa común de los melómanos se sigue escribiendo cada vez que suena la música bajo los plafones, en intensidad similar en el escenario que en cada una de las butacas, pues la música se explica no sólo porque está en una partitura, sino porque hay un ser humano, o muchos, que pulsan un instrumento con el cual se comunican con otro ser humano, o muchos. Y eso, ni más ni menos, explica toda la magia.

 


PABLO ESPINOSA

Nace en Córdoba, Veracruz en 1956. Ejerce el periodismo cultural desde hace 22 años. Es autor del libro Si me han de matar mañana, lo redacto de una vez, por el que le fue otorgado el Premio Bellas Artes de Literatura en 1986. Dos años después recibió el Premio Sinaloa de Periodismo Cultural. Textos suyos han sido recogidos en los libros Escenarios de dos mundos (editado por el Ministerio de Cultura de España) y El fin de la nostalgia. Nueva crónica de la ciudad de México. En 1994, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes publicó su libro de crónicas No por mucho madrugar se redacta más temprano y en 1996 la Universidad Nacional Autónoma de México publicó, como libro conmemorativo, el amplio reportaje titulado Sala Nezahualcóyotl, una vida de conciertos.

 

conservatorianos@hotmail.com