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  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
 

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

Orquesta Filarmónica de la UNAM

 

Cartelera UNAM

 

 

Orquesta Sinfónica de Minería

 

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Universo de El Búho

 

Junio de 2007

Peritaje * Registro de obras * Defensoría jurídica autoral

 

Arte y Cultura Digital: Diseño editorial * Multimedios * Web * Hospedaje * Registro de derechos de autor y marcas

 

* * * NUEVO * * *

Digitalización de documentos

 


Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

 

         

 
  Celebridades

 

Al maestro

Juan González Alcántara y Alpuche

 

Guillermo Palomino Sánchez

 

Transcurría la primavera del año 1948 y mis primeros meses como alumno del primer año en la Escuela Nacional Preparatoria (plantel 1) en el inolvidable Colegio de San Ildefonso, cuando la Universidad Nacional Autónoma de México sufre una de sus más graves crisis, la que obligó a renunciar al cargo de rector de la misma al eminente médico don Salvador Zubirán, ya que como casi siempre intereses ajenos y bastardos querían destruir nuestra Casa de Estudios. Así, en el mes de junio del citado año, la Junta de Gobierno se reunió con el objeto de designar nuevo rector y, sin apresuramiento, estudió todas las candidaturas propuestas y con justo tino designó al doctor Luis Garrido, de amplísimo curriculum, quien al aceptar el cargo expresó: "Se ha dicho que la Universidad sacrifica a sus rectores, sin embargo, no sería sincero si tratara de ocultar que cargo de tan alta responsabilidad desborda fatigas y decepciones. No obstante, también tiene sus recompensas y no es sin duda la menor de ellas el advertir la fidelidad de los viejos conocidos y la conquista de nuevos amigos".

Entre esos viejos conocidos figuró la persona del maestro Juan González Alcántara y Alpuche, quien fue designado Director General de Servicios Escolares, y que como el rector, supo elevar su voz, de suave estilo, para acallar las pasiones y hacer que la vida de la Universidad tomara el cauce normal, el camino del Derecho, de la libertad humana, de la libertad y el saber. Actitud que se conservó años después hasta desembocar en la creación de la Ciudad Universitaria en el año de 1953, colaborando en el esfuerzo del Gobierno Federal presidido por el brillante universitario licenciado Miguel Alemán Valdez.

Mi paso por las aulas de la Escuela Nacional Preparatoria y mi naciente inquietud política dieron lugar a que ocupara el cargo de Oficial Mayor de la Sociedad de Alumnos en el año de 1949 y, con ello, la misión de arreglar muchos problemas estudiantiles, por lo que pude conocer y tratar personalmente al respetado maestro Juan González Alcántara y Alpuche, quien desde la primera ocasión me tendió la mano y me ofreció su amistad sincera, la cual me honro en seguir conservando. Aunque no fue mi maestro en aulas, algunos compañeros que sí lo fueron me platicaban de su enorme cultura, de lo grato de sus clases y sobre todo de su gran don de gentes, lo que le atraía el respeto del estudiantado en general. Años adelante, cuando ya me desempañaba como Ministerio Público en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal y Territorios Federales, acudía con frecuencia al Juzgado Primero Mixto de Paz ubicado en las calles de Costa Rica, atrás de la Plaza del Carmen y que también era considerada como parte del barrio estudiantil universitario, cuyo juez titular lo era el maestro Juan González Alcántara y Alpuche, y muchas veces me pasaba horas enteras viendo y oyendo impartir la justicia y sus experimentados comentarios legales, que confieso honestamente ampliaron mi aún reducida capacidad profesional. Cuánto extraño aquellos gratos y amables recuerdos. Más adelante lo ví y saludé esporádicamente siendo el funcionario más importante después del titular del Consejo Nacional de Turismo, su amigo el señor licenciado Miguel Alemán Valdez.

Y qué sorpresa más agradable me deparó la vida al encontrarlo años después como maestro de Nociones Generales de Derecho en este nuestro muy querido plantel "Ezequiel A. Chávez" (7), del que sólo la enfermedad lo ha separado transitoriamente, ya que tratando de recuperar su salud no deja de mencionar su anhelo de reincorporarse a la brevedad posible a impartir sus doctas clases, lo que no dudo que muchos de sus amigos lo deseamos fervientemente, porque esa es una de sus actividades que más ama, le agrada y lo hacen feliz.

De sus observaciones a las personas con que ha colaborado en el magisterio, le hizo nacer una reflexión de lo que debe ser un maestro, y lo expresa así:

Una de las funciones que con más ahínco debe llevar a cabo el Maestro, es contribuir a la profilaxis social, eliminando los falsos valores y fomentando las cualidades positivas. Su tarea no es la de cumplir regularmente una especie de rutina en el campo de la docencia, sino buscar continuamente, con base en la historia -que es experiencia vivida- y en la audacia -que es visión del porvenir- una transformación ético-social que, para ser perdurable debe estar profundamente inmersa en la conciencia popular.

Si bien es evidente que la suma de valores éticos que rigen la conducta humana son permanentes e invariables, si creemos que no siempre se les observa y acata de la misma manera y de ahí que importe esencialmente que exista en el Maestro una conciencia plena de su misión espiritual; si sólo se tratare de inculcar conocimiento, de formar aptitudes, la labor del Maestro sería ya de por sí básica para la vida social, pero si le agregamos su poderosa influencia en la vida interior del educando, se comprenderá mejor que su misión no es sólo pedagógica, sino primordialmente, de conformación moral.

El Maestro enseña y guía en el campo del conocimiento, pero también rectifica actitudes erróneas y busca remedio de los males sociales, por ello, observa siempre la realidad que lo rodea para apoyar en ella su palabra y acción. Así pues, la complejidad de sus tareas exige de él una total dedicación y una sólida y bien conformada cultura, cuya amplitud asegure el éxito de la misión que la sociedad le tiene encomendada.

Estas reflexiones que son producto de más de cincuenta años de labor magisterial y de funcionario del Estado, bien podrían aplicarse a la crisis que hoy envuelve a nuestra amada Universidad, y mi más caro anhelo actual y no dudo de muchos compañeros es que el Maestro recupere la salud y siga adelante en su brillante labor de educar a la juventud.

 


GUILLERMO PALOMINO SÁNCHEZ

Catedrático de Ciencias Sociales en la Escuela Nacional Preparatoria por más de veinte años. Licenciado y maestro en Derecho y doctorando en Ciencias Penales por la Facultad de Derecho de la UNAM. Desde hace tres décadas, Asesor Jurídico del Instituto Politécnico Nacional.

 

conservatorianos@hotmail.com