Inicio     Clima

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
   
  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
 

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

Orquesta Filarmónica de la UNAM

 

Cartelera UNAM

 

 

Orquesta Sinfónica de Minería

 

Sugiere un sitio

 

 

Universo de El Búho

 

Junio de 2007

Peritaje * Registro de obras * Defensoría jurídica autoral

 

Arte y Cultura Digital: Diseño editorial * Multimedios * Web * Hospedaje * Registro de derechos de autor y marcas

 

* * * NUEVO * * *

Digitalización de documentos

 


Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

 

         

 
  Realidades y perspectivas

 

¿Sonido o ruido?

La música al finalizar el siglo XX

 

Hugo Fernández de Castro

El arte de Euterpe es una de las manifestaciones del espíritu humano más antiguas que se conocen, por lo cual no es extraño encontrar que la historia haga menciones múltiples de ellas en cuanto a su uso por los pueblos más antiguos, por ejemplo, en la Biblia (Génesis, IV, 21), texto testimonial en la cual un descendiente de Caín, Jubal, es titulado en el pueblo hebreo como "padre de cuantos tañen el órgano y la flauta".

Igualmente hay referencias documentales de los chinos en las cuales atribuyen al emperador Fou-Hi, 3,462 años a. C., ser el inventor del kin o lira y del sse o guitarra de treinta y seis cuerdas, o los egipcios que aseguran que fue Hermes Trimegisto quien primero fabricó la lira, 2,000 años a.C., con una concha de tortuga y tendones de animales.

También, según la misma fuente, serían de origen egipcio el arpa triangular, la flauta y el salterio, instrumento este último del cual derivaron el clavicordio y el piano forte, mientras que también a los hebreos les cabría el honor de haber inventado la cítara, la pandera y la trompeta; a los asirios, el pentacordio o lira de tres cuerdas (tricordio), a los fenicios la flauta larga, a los sirios el triángulo metálico, a los griegos de Alejandría el órgano hidráulico, a los árabes el kissar que dio origen a la guitarra y el eour de donde se derivaron la bandurria y el laúd y, en fin, parémosle aquí porque sería un cuento de nunca acabar.

Sólo hay que recordar, porque es fundamental si se pretende reflexionar sobre el raciocinio musical y la espiritualidad y no sólo la emisión o producción de sonidos informes y primitivos, que no es sino hasta la Grecia Clásica -siglos VI y V a. C- cuando Pitágoras y los pitagóricos, asociados al culto de Dionisos, el Baco romano, que el ser humano entiende la teoría física de la propagación de los sonidos mediante la vibración, al tiempo que establece por vez primera las normas técnicas relativas a los tonos y los semitonos.

No obstante Pitágoras, es justo decir que antes de él ya los griegos le atribuían a Mercurio y al sátiro frigio Marsias -y su discípulo Olimpo Frigio- la invención de la lira, con tres cuerdas y tres notas, mi, fa, sol.

Después, las musas le habrían agregado otra nota, la, en tanto que por último, Orfeo -no el de los Infiernos de Los cuentos de Hoffmann, de Jacques Offenbach- y su hermano Lino descubrían si, do, re, constituyéndose así las siete notas -y el hepsacordo- de la escala musical que hasta la fecha continúan, a no ser que los genios contemporáneos de la farsa descubran más o ya las hayan descubierto, pero no lo quieran decir mientras no se les asegure una buena suma en metálico, único estímulo que les entibia alma, espíritu y soma.

AVANCES Y DEGENERACIÓN DE LA MÚSICA

Durante seis milenios, pues, la música evolucionó de sus manifestaciones percusivas más primitivas hasta la música de cámara china, sumeria, hebrea, egipcia, siria y fenicia y, en la Grecia Clásica, al establecimiento de la teoría -racional- del solfeo y de la escritura de sus sonidos articulados, tonos y semitonos.

También fue un arte en los tiempos de Alejandría, los dos imperios romanos, la cultura árabe y la Edad Media europea con partituras musicales bellas y coherentes como los cantos gregorianos del siglo VI d. C., los cantos goliárdicos de los siglos XI al XV y los himnos y secuencias o cantos que siguen al alleluya, de la abadesa Hildegard von Bingen (muerta el 1179), llegando entonces la humanidad al Renacimiento y al periodo barroco, cuando se dan los más grandes músicos que nunca haya habido, Bach entre ellos, sucedidos por otros cuya grandeza y obra musical no mengua frente a los primeros, por ejemplo Mozart, Beethoven, Wagner, Tchaikovsky, Verdi y Debussy, por escoger cinco titanes para los periodos (estilos) Clásico, Romántico, Nacionalista, Operístico e Impresionista.

Pero, cuando la puerca torció el rabo es después de la segunda guerra mundial: el crecimiento demográfico exagerado y la difusión rápida de las noticias y de la cultura por obra y magia de los asombrosos medios, vías y equipos de comunicación, transformaron creación, estudio, preparación, honestidad e interpretación y surgió, invencible, omnipresente, corrompida, mercantil, ruidosa, mercenaria y todopoderosa, la sediciosa música popular comercial.

CONCEPTUACIÓN DE LA MÚSICA POPULAR

¿Cómo describir -e identificar- la música popular, mercantil y populachera del cuarto último del siglo XX?

Va un intento: todas las cancioncillas actuales son semejantes en lo que toca a su composición -¿descomposición?- musical: recitativos o frases cortas de unos cuantos compases y dos o tres notas alternadas, todo lo cual siempre, sin variar, termina siempre subiendo una tercera o una quinta, lo cual suena igual en todas las ocasiones y, cuando menos a mí, me fastidia, aburre, me horroriza y no me produce placer; con razón ocultan su mediocridad y calidad baja con tanta percusión y ruido, al tiempo que distraen al oyente con luces blancas, negras y de colores vivos, enceguecedoras, altavoces que vomitan ruido hasta ensordecer al oyente inerme, al tiempo que hacen que muchos espectadores suden frío y tengan cefalea o náusea; asimismo, es característico de esta época la presencia de tipos y tipas semidesnudos -y mechudos o desmelenados- tocando guitarra eléctrica o cualesquier otros instrumentos, mientras que unos más que se creen bailarines -sin serlo- dan de brincos o se arrastran en el escenario como gusanos, un quehacer ante el cual la musa Terpsícore no sólo quedaría espantada, sino deprimida o afligida.

En cuanto a la guitarra eléctrica y otros instrumentos que fueron desnaturalizados con la electricidad, puede -y debe- decirse que sus ruidos estridentes desfiguraron todo el encanto y belleza de los sonidos de las guitarras tradicionales, producidos con tan sólo la mano humana, la cuerda metálica, la madera y la repercusión que se genera en su caja.

Regresemos a la música popular: la línea melódica fue abandonada por la improvisación, ignorancia, apetitos mercantiles, mal gusto, incultura o ignorancia y flojera de pseudo compositores y la complicidad pasiva de los oyentes, actitud semejante a los quesque poetas que desertaron del metro y rima y se refugiaron, por holgazanes e incapaces, en el verso libre, facilísimo de fabricar por cualquiera y sin mayor arte, oficio, esmero ni vergüenza o pundonor.

¿Y la armonía? ¡Qué importa! Para eso están los ritmos, la percusión perpetua y los aparatos eléctricos fabricadores de tamborazos, gongazos y platillazos.

Cómo será la falsificación de arte, ciencia y técnica que, creyendo los genios actuales haber descubierto el hilo negro o el mar Mediterráneo, cuando quieren hablar de algo muy complicado y avanzado ya no se refieren a ello con un sustantivo como la técnica, sino que pomposamente hablan de ¡tecnología!

¡Y tecnología, si las raíces y el conocimiento de las lenguas griega, latina y española no me fallan mucho, no sería otra cosa más que el estudio de la técnica!

Claro está que, con el enfoque de la bendita filosofía, entonces la tecnología cobra vida y se convierte en una disciplina en la que vale la pena escudriñar, porque atañe al ser humano, su ambiente, su tranquilidad y servicio y, sobre todo, su ethos y su futuro. ¿O no?

LOS SONIDOS Y LOS SILENCIOS

En el pentagrama hay dos tipos básicos de símbolos, aparte de los accidentes (bemoles y sostenidos), de las llaves y de los números que marcan el tiempo o ritmo de la partitura: las notas y los silencios.

La música actual o ruido contemporáneo, señor lector, es un movimiento perpetuo en lo que cabe a los sonidos producidos por los instrumentos de percusión: no hay una sola obra o partitura (fíjese usted bien: ni una) en la cual los tambores y platillos no estén sonando sin callar nunca. ¿Cuál es la razón?

Fácil la contestación, aunque un poco larga: proviene ese ruido de gente que:

1. Nunca estudió música ni tiene idea de la armonía, la línea melódica y la polifonía.

2. Carece de una visión integral técnico-artística del sonido e interrelación de todos los instrumentos de una orquesta sinfónica en conjunto, así como tampoco de cada uno de ellos.

3. Tiene ¡por supuesto! una ignorancia supina de la teoría musical, desconocimiento de la historia de la música y de los músicos, de las costumbres, tradiciones y valores de cada país y región.

4. Asimismo, carece de habilidad o adiestramiento en lo que se refiere al funcionamiento de cada instrumento, todo agravado porque su insensibilidad artística, estética y emocional le impide imaginar y crear una línea melódica atractiva y, entonces... sólo le queda el ruido, pero sin ton ni son, de igual manera que lo produce una maldita máquina de esas que abundan por todos lados y que producen mecánica y eléctricamente los ruidos de lo que se ha dado en llamar -bárbaramente- batería.

Ser baterista o, mejor dicho, solista de la sección de percusiones, no significa que tan sólo hay que ponerse a darle a los tambores o demás instrumentos a como Dios lo dé a entender, sino que hay que seguir lo que indica una partitura hecha sabia y artísticamente por un compositor que sabe muy bien que, además de los símbolos de los sonidos representados por las notas, existen también, a Dios gracias, los símbolos de los silencios.

Por eso ¡qué bello es el sonido del silencio!

LA MELODÍA, SEGÚN RACHMÁNINOV

Mídase la importancia de la melodía, con palabras de Rachmáninov (1873-1943): "La invención melódica, en la perfecta acepción del término, es el objetivo real de cada compositor. Si no es capaz de inventar melodías que queden, son muy débiles sus posibilidades de alcanzar la maestría".

Párese mientes en que Rachmáninov no habla en términos de éxito comercial o económico, sino de maestría, es decir, perfección artística, belleza estética.

En otras palabras: la areté o excelencia de los griegos del siglo V a. C.

El buen compositor y el buen director de orquesta o conjunto musical, cualquiera que sea la cantidad de instrumentos, tiene en su cabeza el sonido de cada uno de ellos, las dificultades técnicas para tocarlos y producir sonidos y silencios bellos y, el sonido que producen cuando tocan solos o cuando se interrelacionan con otros.

Un director de orquesta, un compositor o un virtuoso son como un buen político: poseen visión de conjunto y capacidad de otear lo pasado para no cometer los mismos errores, pero sin dejar de asumir lo pretérito como parte irreductible del ser; de avizorar lo futuro para prever; y de tener en cuenta lo presente para captar la realidad y el ambiente de su tiempo, de su espacio y de su pueblo, todas ellas -las tres- cualidades envidiables que poca gente tiene.

POLÍTICA, ARTE, HONESTIDAD Y MINORÍA SELECTA

Por eso la política, entendida o conceptuada en la acepción correcta del término, es igual que el arte: sólo la comprenden o la practican los privilegiados pertenecientes a una minoría selecta.

La naturaleza ¡y que diga sir Charles Darwin si miento! Creó la desigualdad como algo real e imposible de eliminar, porque es consubstancial a la vida y a la sociedad, a la academia, a la inteligencia, a la sensibilidad estética y al arte...

Un ejemplo presente del uso irracional del ruido: quien tenga contratado para su televisor el sistema transnacional llamado Cablevisión, podrá constar que su canal 2 es puramente una guía de la programación, canales y horario; pues bien, no hay un solo momento -¡sí, leyó usted bien, ni uno solo! En las 24 horas de la susodicha guía durante el cual no se perciban tambores como música de fondo.

Sólo una pregunta: ¿se necesitan tambores o cualquier otro sonido irracional para leer la programación y reflexionar sobre lo que le gustaría a cada quien ver en su televisor? ¿Por qué no proyectan la guía en la pantalla chica sin sonido alguno o por qué no ponen música buena -agradable- en lugar del ruido?

¡Averígüelo Vargas!

Y algo similar sucede con los programas matutinos transmitidos por televisión, para los desmañanados que hacen ejercicios gimnásticos, pero sucede también lo mismo en los gimnasios y academias de aerobics y danza: sólo utilizan ruido producido por instrumentos de percusión porque la ignorancia y el mal gusto de la gente, tanto los dueños o encargados de tales sitios y programas, como los cándidos que acuden a hacer ejercicios o ven tales programas por televisión, nunca les han permitido saber que hay música con un ritmo muy rápido pero con sonidos agradables, que les haría más placenteras y satisfactorias sus jornadas gimnásticas o dancísticas.

Respetado señor lector de Conservatorianos: métase a cualquier coche de alquiler, pesero, banco, camión, trolebús, estación o línea del metro, tienda, almacén, restaurante o supermercado y ... no le quedará más remedio que soportar los ruidos, aullidos y rugidos que brotan de los altavoces mezclados con otros ruidos atroces.

La otra opción ¡misión imposible! Sería no acudir a ninguno de esos lugares, imprescindibles para los requerimientos de la vida cotidiana1.

Pero el horror no tiene límites: hasta el más humilde limpiabotas, puesto de dulces, taquería o tortería posee un radio, tocadiscos o tocacintas que le atruena los oídos al cliente con ruidos no pedidos ni autorizados.

¿Pues qué ya la música no es un placer que cada quien elige no sólo en cuanto a la obra que quiere escuchar, sino también lo que se refiere al momento y lugar que considera adecuados?

¡Alabado sea Dios!

NOTAS:

[1] Se soumettre ou se èmettre, sentenció el periodista, político y estadista francés Georges Clemenceau.

 


HUGO FERNÁNDEZ DE CASTRO

Profesor titular B de carrera, tiempo completo, de la UNAM, Plantel 2 de la Escuela Nacional Preparatoria y Facultad de Medicina. Articulista de Uno más uno y Excélsior.

hfdec@hotmail.com

 

conservatorianos@hotmail.com