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  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
 

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

Orquesta Filarmónica de la UNAM

 

Cartelera UNAM

 

 

Orquesta Sinfónica de Minería

 

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Junio de 2007

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Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

 

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  Letras sonoras

 

La tradición musical en México

Juan Luis González Alcántara y Carrancá

 

En el hemisferio occidental, las grandiosas y espléndidas culturas de Mesoamérica asimilaron la música como una de sus manifestaciones populares. Principalmente en grupos étnicos tan notables como los mayas, los toltecas, los maya-quiché, los totonacas y los mixtecas. Los aztecas, pobladores del denominado suelo de Anáhuac, heredaron de los pueblos mencionados una tradición que no superaron, pero sí cultivaron disciplinas artísticas tan bellas como la poesía, la música y la danza.

A la llegada de los hombres blancos se sumaron otras razas y culturas para constituir un mestizaje que aún prevalece, el cual dio lugar a una nueva expresión de la música en México que comenzó en la época colonial. Vale mencionar que los frailes, como describe Pedro de Gante, se asombraron al ver cómo surgió una pléyade de cantores aborígenes que aprendieron primero el latín y luego las técnicas del canto llano.

Hubo a la par compositores de villancicos, alabanzas, motetes y fue escrita una misa completa con letra en dialecto indígena, en español y en latín. Y así, en las tres centurias siguientes fueron numerosos los autores de música religiosa y la denominada profana o popular, que en sus inicios estuviera conformada por la música autóctona, la música europea y la música negra. La primera de los pueblos naturales, la segunda de los iberos influidos por godos, judíos y árabes, y la tercera de los esclavos negros traídos de África, canto de añoranza y desconsuelo envuelto en lágrimas de dolor y desesperanza.

En los siglos XVIII y XIX el arte musical francés e italiano influyó de manera determinante en la música popular de este país, como se escucha y observa todavía en los bailes y danzas regionales de los diferentes estados de la República. Así, el sentimiento secular de la música en México tuvo un florecimiento inusitado que comenzó en el siglo XIX y se prolongó hasta bien entrado el siglo XX, al ser implantados modelos musicales europeos que aquí tuvieron una expresión propia en las formas instrumental y operática. Primero interpretados por artistas venidos de ultramar, concertistas y cantantes españoles en su mayoría. Surgieron sociedades filarmónicas, escuelas del arte musical y compositores de óperas, música de salón, fantasías de concierto, sin que faltaran las obras religiosas.

Consumada la Independencia, el desarrollo musical lo patrocinaron tres sociedades filarmónicas. La primera, fundada el 17 de abril de 1825, estuvo encabezada por don José Mariano Elízaga. La segunda se estableció en 1838, encabezada por Agustín Caballero, José Antonio Gómez y Cenobio Paniagua. La tercera agrupación quedó constituida el 14 de enero de 1866 por 74 socios. Se le denominó Sociedad Filarmónica Mexicana y fue la precursora del denominado Conservatorio de la Sociedad Filarmónica Mexicana bajo la Ley de Instrucción Pública; pocos años después, en virtud de una ley especial, se convirtió en el Conservatorio Nacional. Entre los años 1860-1862 fue formada la primera compañía mexicana de ópera y dos notables músicos del siglo XIX dignos de ser mencionados por su fecundidad musical son Cenobio Paniagua y Melesio Morales. Hasta finales de esa centuria fue creciente el entusiasmo y el fervor que sus fundadores le impusieron al Conservatorio, fructificante desde sus primeros egresados: Ricardo Castro, Felipe Villanueva, Gustavo E. Campa, Carlos J. Meneses, Julián Carrillo, entre otros no menos talentosos.

En la primera década de este siglo la música en México tuvo decisiva influencia de la escuela romántica europea. Fueron creados valses, danzas, gavotas, romanzas, fantasías, en su mayoría para instrumentos solos. Después se inicia la tendencia nacionalista con Manuel M. Ponce y José Rolón, entre los primeros exponentes de un movimiento musical que se consolidara entre 1925-1928 y trascendiera nuestras fronteras con obras de gran contenido, impronta personalista y alto valor estético, de compositores como Silvestre Revueltas, Carlos Chávez, Miguel Bernal Jiménez, Blas Galindo, Candelario Huízar, Eduardo Hernández Moncada, José Pablo Moncayo, Carlos Jiménez Mabarak, Luis Sandi, Daniel Ayala, Juan León Mariscal, Alfonso de Elías, etc., hasta prolongarse en la segunda mitad del siglo XX con significativos valores en el campo de la musicología como Esperanza Pulido, Adolfo Salazar, Jerónimo Baqueiro Foster y los directores brillantes Luis Herrera de la Fuente, José F. Vázquez, Clemente Aguirre, José I. Limantour, Eduardo Mata, Enrique Batiz, Enrique Arturo Diemecke, y otros talentos que no menciono pero importantes por su entrega al arte de Euterpe, como el sin par director, compositor y maestro Uberto Zanolli, que dedicó su vida a promover la música de Giacomo Facco, después de rescatarla del olvido, para ser difundida y apreciada por su alto valor musical del periodo barroco italiano.

Así como también excelentes concertistas como Esperanza Cruz, María Teresa Rodríguez y Carlos Prieto, conocidos ampliamente aquí y fuera de nuestras fronteras.

Todos, con su talento y creatividad colocaron a México entre los países con gran categoría musical. Vista es la fecundidad de los mexicanos en cuanto a producir música. Pero es necesario insistir en impartir una sistemática educación musical dirigida principalmente a los niños y jóvenes, que en buen porcentaje ignora la música de los grandes maestros, nacionales y extranjeros. Preservemos la auténtica y valiosa música mexicana de influencias ajenas que distorsionan su esencia. Es la expresión de un pueblo orgulloso de sus valores ancestrales incomparables.

 


JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA Y CARRANCÁ

Doctor en Derecho. Catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México. Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal. Conferencista y ponente en múltiples congresos nacionales e internacionales. Editorialista en diversos periódicos de circulación nacional. Es autor de una numerosa obra escrita, jurídica, pedagógica y cultural.

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