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  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
 

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

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Junio de 2007

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Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

 

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  Letras sonoras

 

Modest Petrovich Mussorgsky

Juan Luis González Alcántara y Carrancá

 

Desde épocas pretéritas Rusia ha sido poseedora de una cultura popular musical abundante. Y aunque en aquellas latitudes desde dos centurias atrás tuvieron auge composiciones provenientes de Francia e Italia, como la ópera de esta última, fue hasta el siglo XIX cuando Rusia inició su propia cultura musical. Singular por su historia y por su carácter, es lo que se denomina «la escuela (de la música) rusa». Según algunos especialistas, sin un antecedente que prevea su evolución, el arte musical ruso surgió en pleno siglo XIX y fructificó en un lapso de cinco décadas en que se constituyó como un todo independiente, homogéneo y extenso. El rápido crecimiento de esta corriente musical, provoca asombro por las cualidades excelentes de sus obras que son prueba manifiesta del desarrollo de esta música representativa de una expresión identificada ya desde entonces como nacionalista, por sus autores que enriquecieron sus obras con temas que tuvieron su origen en los cantos, leyendas y tradiciones dimanados del pueblo.

Entre sus notables exponentes están Michael Glinka, Mily Balakirev, Alexander Borodin, César Cui y Modesto Petrovich Mussorgsky, quienes cultivaron con determinación el espíritu ruso. En su momento se autodenominaron «el poderoso pequeño destacamento», y se les menciona también como «los cinco», con la particularidad de que eran compositores por afición, ya que convencidos de que no era posible mantenerse de la composición musical, desarrollaban actividades ajenas al arte pautado. Borodin era profesor de química en la Escuela de Medicina. Cui enseñó fortificación en la Escuela de Ingenieros y Artilleros y es autor de varios opúsculos  sobre  esa  materia;  Mussorgsky  se desempeñó como empleado sin relevancia y, en consecuencia, su vida fue de estrecheces económicas, rayana en la miseria, lo que tal vez incidió en su limitada formación musical. Se dio a la bebida y murió en plena madurez física. Sus dos obras más conocidas en el mundo occidental son la ópera Boris Godunov y su composición para piano Cuadros de una Exposición, que posteriormente el músico francés Maurice Ravel hiciera la adaptación para orquesta y así tuvo mayor difusión fuera de su país. Al mencionar a la música rusa, de inmediato se le recuerda en su carácter nacionalista. Estilo que incluso cultivaron algunos precursores que desde los primeros escarceos de la música pautada recurrieron al folklore popular, y que plasmaron en las partituras de ópera o en obras instrumentales, al tiempo que en los escenarios líricos empezaban a presentarse cuadros de la vida campirana. Algunos criticaron a Glinka, Balakirev o a Nicolás Rimsky-Korsakov, de enriquecer su lenguaje artístico con los cantos populares, y hubo quienes contraponían la música llegada de occidente a la música autóctona de compositores locales cuando Rusia empezó a producir música. Hasta la fecha, en toda la obra musical rusa de primer orden son evidentes los caracteres de la «nacionalidad».

Ahora bien, los cultivadores de la corriente nacionalista evolucionaron hacia un arte musical libre de convencionalismos que denominaron en aquel entonces «movimiento moderno», en el que la melodía, la tonalidad y el ritmo son libres, precisamente como en los cantos del pueblo, y Mussorgsky sobresale del grupo por sus audacias musicales intuitivas nunca antes concebidas, o por lo menos expresadas, muy personales de la sensibilidad creadora de este autor, al tomar los elementos populares y aprovecharlos mediante una profunda elaboración; no los transformó ni los adaptó simplemente, sino que les supo extraer la esencia que le habría de servir para manifestar su temperamento y sensibilidad en la mayoría de su obra. La singularidad de sus composiciones es que no se trata sólo de la expansión de sonoridades, sino que por lo regular se remite a especificar alguna cosa, sean los ritmos del lenguaje hablado o los movimiento de éste. Y así, Mussorgsky es único en su arte, por cierto muy poco difundido en occidente, indiscutible ejemplo de su raza, de su grupo y de su tiempo.

Modesto Petrovich Mussorgsky nació el 28 de marzo de 1839, en la aldea de Korevo, región campesina donde vivió sus primeros diez años. Ya mayor, volvía con frecuencia y permanecía largas temporadas, saturándose del terruño, de las pasiones, humor y sensibilidad del alma popular, para evocarlas en la música y  en las palabras que después componía. De salud quebrantada y vida de estrecheces, a su carácter nervioso unía una extrema sensibilidad que le permitía captar una visión exacta y consciente del pueblo. A partir de los veinte años su espíritu le cantó a los inocentes, a los pobres y a los desamparados. A diferencia de algunas composiciones de escasa trascendencia que escribió en su juventud, en su etapa de gran creatividad su dedicación plena fue la de concebir a través de su arte, una imagen fiel de la vida, con predominio de la verdad por sobre la belleza. A los 27 años de edad, la hermana de Borodin lo describió como «un brillante oficial en el regimiento de Preobranjensky», actividad que alternaba con la música, y aunque eran frecuentes las acometidas del padecimiento nervioso que lo aquejó casi toda su existencia, el amor por la música lo impulsaba a sobreponerse con renovado entusiasmo. El pintor ruso Ilia Lefimovich Repin realizó un retrato de Mussorgsky pocos días antes del deceso de éste, que en contraste evidente de la descripción anterior, lo muestra abotagado y deshecho por el alcohol, con los cabellos en desorden y en bata de enfermo, pero su mirada es sumamente expresiva, consciente y de extraordinaria dulzura. Murió el 28 de marzo de 1881, precisamente el día que cumplía los 42 años de edad.

Su legado musical consta de una treintena de melodías, entre las que sobresalen Habitación de Niños (conformada con siete obras que son lo mejor de Mussorgsky, la cual desde su estreno le aportara popularidad a su autor), y Cantos y Danzas de la Muerte; ocho composiciones corales; la ópera Boris Godunov; el drama musical Khovánchina, El Matrimonio (primer acto), comedia musical; La Feria de Sorochinsk; las composiciones orquestales: Scherzo en si bemol, Intermezzo, Marcha a la Turca, La Noche en el Monte Calvo. Música para piano: El alférez (polka), Pequeño Scherzo, Intermezzo, Cuadros de una Exposición (inspirada en una muestra pictórica póstuma de su gran amigo el arquitecto Víctor Hartmann, que a manera de homenaje el compositor quiso «dibujar en música», algunos de los cuadros expuestos), Meditación, Una Lágrima, La Sinfonía, Costurera, En Crimea (Capricho, Gurzuf), En la Aldea, Gopak, Scherzo en do sostenido menor, Impromptu (palabras por Goethe), Recuerdo de Infancia, Niania y yo, Primer Castigo, Allegro de Sinfonía, Marcha  (para el 25° aniversario de la coronación del zar Alejandro II), El Deseo (letra de Heinrich Heine). Se asegura que es extenso el catálogo de este compositor. Muchos de sus manuscritos quedaron en posesión de coleccionistas o de institutos y bibliotecas oficiales, y casi nada se sabe de su difusión.

 


JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA Y CARRANCÁ

Doctor en Derecho. Catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México. Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal. Conferencista y ponente en múltiples congresos nacionales e internacionales. Editorialista en diversos periódicos de circulación nacional. Es autor de una numerosa obra escrita, jurídica, pedagógica y cultural.

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